Te invito a realizar un simple ejercicio: Sonríe. Realiza ese movimiento en los músculos de tu rostro que rodean tus ojos y tu boca.

¿Cómo te sientes? Estoy casi segura que aun cuando tu sonrisa no fue espontánea, tus sensaciones fueron positivas, tan solo con realizar dicho gesto.

Lo cierto es que estudios de neurociencias e investigaciones en psicología concluyen que tu cerebro no distingue una sonrisa real de una “forzada”, generando las mismas reacciones positivas, influyendo en tu estado de ánimo.

Otro aspecto muy importante es, el efecto que provoca la sonrisa en las personas a tu alrededor, gracias a las neuronas espejo. Cuando sonríes, tienes la capacidad de provocar que quienes te observan, sonrían también y por lo tanto, experimenten tu mismo estado de ánimo agradable.

Está en tus manos contagiar sensaciones placenteras a las personas con quienes interactuas a diario. ¿Te parece empezar hoy, en el día mundial de la sonrisa? 🙂