¿Te ha pasado que el sólo hecho de pensar en una meta hace que te sientas dichoso?

¿Sí? ¡A mi también, me pasa siempre!

No es extraño, tal como señalan algunos autores y aun más, como lo demuestra la experiencia: “La felicidad es la realización progresiva de un ideal o meta valiosos”.

Piensa en algo que desees con todo tu corazón. ¿Encontrar ese trabajo soñado?, ¿terminar tus estudios y titularte con honores?, ¿perder peso?, ¿dejar de fumar?, ¿casarte con tu novio o novia y vivir una fiesta inolvidable?, ¿realizar ese viaje que siempre has querido?.

Ahora, imagina que ¡lo has logrado!, dime ¿cómo te sientes? Con una fuerza poderosa mientras tu cuerpo y espíritu se colman de energía. Te sientes capaz de lograr todo lo que te propongas y te reconoces una persona con una seguridad sin límites. Estás completamente convencido que puedes lograr tu meta y todas las que vendrán.

Porque al experimentar estas sensaciones de satisfacción, querrás hacerlas parte de ti de hoy en adelante, ya que descubres lo maravillosa que se vuelve la vida.

Cada vez que logres una de tus metas, verás cuan contento te sentirás contigo mismo y ¡con el mundo!

Tu vida, tu entorno y ¡tú mismo! serás una persona más positiva y optimista, animada y entusiasta.

Porque en definitiva, cada paso que darás, irá en la dirección hacia lo que resulta más importante para ti.

Y cuando es así, sólo pueden acompañarte agradables sensaciones. Haz la prueba.