En mi experiencia desarrollando proyecto de asesoría a emprendedores de diversas comunas en la octava región durante el año 2015, y si bien mi labor se centró específicamente en implementar a través de una actividad lúdica la incorporación de conceptos financieros y llevarlos a su día a día, no dejo pasar la oportunidad de nutrirme de sus experiencias y proporcionar feedback que les reporte motivación.

Todo emprendedor vivió un día en el que se preguntó qué quería hacer en su vida y hacia dónde quería avanzar. En algún minuto visualizó en el horizonte una meta que poco a poco se fue volviendo más clara hasta el instante en que la hizo propia fuertemente y se decidió a ir por ella.

Y esto es así para todas las personas. No siempre el panorama fue claro. Sin embargo, desde el primer minuto en que se comienza con la definición de una meta, implica un trabajo de cuestionamiento personal que responda a la pregunta a dónde quiero llegar, qué quiero para mi futuro, cómo quiero ser y qué quiero hacer.

Y una vez todo esto definido, la tarea no finaliza allí. Es preciso, como siempre digo, inyectar acción a la intención. Entonces surge la fundamental labor de establecer acciones concretas que una a una dirijan tus pasos, encaminados a ese objetivo, sin descanso.

En ese camino, resulta imprescindible trabajar sobre ciertos aspectos que en conjunto contribuirán en tu recorrido, un espacio de desarrollo profundo de tus habilidades.

Entonces, el éxito no se alcanza sólo con la satisfacción de un objetivo cumplido, sino que es un pergamino a levantar en cada paso, cada pequeño logro en vías al logro mayor.

Y tú, ¿tienes ya definida una meta por la que quieras comenzar a moverte? ¿cuándo comenzarás?