Cierto es que desde que nacemos, las personas somos socializadas según determinadas normas y reglas de lo que es social y culturalmente aceptado.

Desde niños formamos parte de una familia, una comunidad y un país. En estos espacios nos enseñaron y aprendimos modos de comportamiento, un lenguaje, cómo relacionarnos con otros, e incluso nos enseñaron diferentes formas de pensamiento.

Nuestros padres introdujeron en nuestra mente toda la información que hoy conocemos. Aprendimos en qué creer y en que no creer, qué está bien y qué está mal, lo bonito y lo feo, lo correcto y lo incorrecto, etc., todos los conceptos y reglas de cómo comportarse en el mundo.

Nunca nos preguntaron, nunca decidimos qué creer y qué no, sin embargo estuvimos de acuerdo en lo que nos enseñaron y nos apropiamos de toda aquella información.

Así, nuestro modo de actuar se veía claramente regulado por esta serie de aprendizajes, en todo momento buscando ser aceptados, encajar con los demás, ser recompensados y por ningún motivo ser castigados.

Con el tiempo nos fuimos desarrollando hasta llegar a ser adultos temerosos, sin capacidad de soñar o simplemente frustrados al conformarnos con la realidad que vivimos, muy distinta con la que deseamos.

Por querer “encajar” en la sociedad y por el miedo a ser rechazados renunciamos a nuestros deseos y nos transformamos en personas que no nos gusta ser.

Pero no todo está perdido. Como versa una conocida canción “Siempre es tiempo para volver a empezar…”.

Miguel Ruiz, en su libro “Los Cuatro Acuerdos” nos plantea esta situación y nos muestra un método para liberarnos de todas estas creencias que se nos enseñó desde la infancia y que no nos da opción a nuevos escenarios.

Lo importante es que logremos romper con los antiguos acuerdos en nuestra mente, esos donde el miedo es protagonista, la inseguridad, la desconfianza y todo lo que nos causa sufrimiento, y en su lugar pactemos cuatro nuevos acuerdos, los que nos permitirán desarrollarnos tal como queremos ser, lo que soñamos y así con el tiempo, veremos materializado nuestro deseo.

Acuerdo N° 1: “Sé impecable con tus palabras”

Bien conocemos el poder que tiene el lenguaje. Recordemos que todo cuanto decimos, todas nuestras opiniones sólo reflejan lo que somos nosotros mismos. Por lo tanto, este acuerdo implica no decir nada que vaya en contra de tu persona. Las palabras captan nuestra atención, se quedan en nuestra mente fértil y cambian nuestras creencias y no sólo las nuestras, sino de todos quienes nos escuchan. Si tienes un buen concepto de tu persona, claramente eso se transmitirá en tus palabras hacia los demás, y como muy bien dice Ruiz “toda acción genera una reacción semejante”, entonces si eres impecable con tus palabras, recibirás emociones positivas de vuelta.

Acuerdo N° 2: “No te tomes nada personalmente”

Mucha relación con el anterior es este segundo acuerdo. Ya has descubierto que todas las opiniones sólo reflejan lo que piensan de ellos mismos quienes las emitieron. Por lo tanto, nunca te tomes como algo personal lo que otros digan de ti. Si por el contrario, te lo tomas como algo personal, estás aceptando y de acuerdo con todo lo que te digan. Y no precisamente tiene que ser así. Diría Ruiz “Nada de lo que los demás hacen es por ti. Es por ellos mismos” Cuando actúas al contrario de este segundo acuerdo, generalmente te sientes ofendido y reaccionas defendiéndote y generando conflictos.

Acuerdo N° 3: “No hagas suposiciones”

Recurrentemente tendemos a hacer suposiciones de todo creyendo que aquello que suponemos es cierto, lo que comúnmente nos conduce a malos entendidos, problemas de distinto tipo y sufrimiento. No tengas miedo de preguntar, de pedir una aclaración, de esta forma te evitarás hacer suposiciones, las que recurrentemente son erradas.

Acuerdo N° 4: “Haz siempre lo máximo que puedas”

Y por último, el cuarto acuerdo que permitirá que todos los anteriores se transformen en hábitos fuertemente enraizados en ti. En todo ámbito de cosas en tu vida siempre haz lo que máximo que puedas, no más ni menos. Esfuérzate, trabaja, sé perseverante.

Expresar lo que quieres es emprender la acción. Emprender la acción es estar vivo, es arriesgarse a salir y conquistar tu sueño. (Miguel Ruiz)