Alucinando con tal cantidad de libros para descarga gratis en internet, encontré uno titulado “Cómo ganar amigos e influir en las personas”. ¿Su autor? Dale Carnegie, escritor estadounidense que se dedica a los temas de desarrollo personal. Una de las ideas centrales de sus libros es que es posible cambiar el comportamiento de los demás, al cambiar nuestra actitud hacia ellos. Bueno, entonces comencé a perderme entre las páginas virtuales.

Algunas ideas que lograron alojarse permanentemente en mi memoria se refieren a las pequeñas y simples acciones que, practicándolas, podemos disfrutar de unas excelentes y ricas relaciones interpersonales.

En primer lugar, dejar de utilizar la crítica como forma de comunicación. “La crítica es inútil porque pone a la otra persona en la defensiva, y por lo común hace que trate de justificarse. La crítica es peligrosa porque lastima el orgullo, tan precioso de la persona, hiere su sentido de la importancia y despierta su resentimiento”.

Una persona que sabe como relacionarse con otras se destaca por su capacidad de comprensión y empatía. ¿Para qué censurar y reprochar?, en lugar de eso… ¿no será mejor detenernos a pensar en porqué actúan así? Tal como lo expone el autor, “eso es mucho más provechoso y más interesante que la crítica; y de ello surge la simpatía, la tolerancia y la bondad”.

Todos los seres humanos tenemos un enorme deseo y es el querer ser grandes, como diría Freud. Queremos ser importantes y reconocidos. ¡Dediquémonos a destacar las virtudes en lugar de los defectos!, veremos que así lograremos despertar entusiasmo en quienes nos rodean. Somos “lo que pensamos” que somos, entonces, reforcemos las potencialidades pero sin caer en la adulación barata, esa que solo representa lo que creemos de nosotros mismos. Seamos sinceros en el momento de elogiar las cualidades de los demás, destaquemos aquello que nos agrada, ya que “en nuestras relaciones interpersonales nunca deberíamos olvidar que todos nuestros interlocutores son seres humanos, y como tales hambrientos de apreciación”. Preocupémonos de lo que desean los otros en lugar de encerrarnos en nuestro egocentrismo e insistir en lo que “yo” quiero. Si buscamos influir en los demás, hablémosle de lo qué la otra persona quiere y aún más, demostrémosle cómo puede conseguirlo. Despertemos en nuestra audiencia un franco deseo. Así conseguiremos intervenir en las acciones y quizás generar un cambio positivo.

¡La clave está en la actitud mental que tengamos! “Todo el mundo busca la felicidad, y hay un medio seguro para encontrarla. Consiste en controlar nuestros pensamientos. La felicidad no depende de condiciones externas, depende de condiciones internas. No es lo que tenemos o lo que somos o donde estamos o lo que realizamos, nada de eso, lo que nos hace felices o desgraciados. Es lo que pensamos acerca de todo ello”.